Este ha sido uno de los regalos que he recibido por mi cumpleaños: el libro Drácula, el no muerto, que el autor –un presunto descendiente de Bram Stoker- define como la continuación del mítico Drácula de su señor ancestro.
Bueno, pues en ningún caso debería haberlo definido así, nunca. La primera vez que leí Drácula tenía ocho años y después he vuelto a él una vez tras otra, con lo que prácticamente me lo sé de memoria. Así que lo primero que he notado es que el autor comete bastantes incoherencias con respecto a la primera obra (Drácula ya no es conde, sino príncipe; Seward y Harker se conocían desde antes de que comenzase la acción del primer libro; Mina Harker desconocía la existencia de los diarios de Seward –cuando fue ella misma quién los mecanografió en la primera obra...-), para los ajenos, unas cuantas tonterías que en nada desmerecen el desarrollo de la acción. Vale, pero hay más que esas cuantas tonterías.
La Condesa de Bàthory
Resulta que en esta obra nos encontramos con un nuevo vampiro y, a la postre, villano en la acción: la condesa de Bàthory. Ésta era una pariente lejana de Drácula (parece ser que eso, históricamente es cierto) y una de las primeras vampiros convertida por él, para salvarle la vida –a ella- porque resulta que el Drácula de esta historia no es malo. Madre de Dios...
Seguimos: Drácula es bueno y como en la película de Coppola, está enamorado de Mina Harker. Es más, tuvieron una relación adúltera en el pasado, en el momento en que se desarrolla la acción del primer libro. Dios de dios... la sensación que me da es que el segundo señor Stoker no ha leído el libro de su pariente: ha visto las películas todo lo más y ha pensado que eso era más que suficiente para escribir algo y ‘vivir de la fama’ de quien le precedió.
Más, más... hay un policía obsesionado con los crímenes de Jack el Destripador y sospecha de Van Helsing (que por cierto, tiene una breve intervención en la obra y termina vampirizado –también por motivos nobles, hay que joderse-). Pero acabamos descubriendo que, en realidad, Jack el Destripador es la vampira malísima Bàthory. Para fliparlo en colores fluorescentes.
Más todavía... todos los protagonistas, de una manera u otra, entran en contacto con diversos personajes famosos de la época... así el autor le da a la obra un tinte intelectual y demuestra todo lo que sabe de ese periodo de tiempo. Además estos personajes funcionan como gancho ilustrativo de los avances que se estaban produciendo... ¡¡Virgen de la pata a rastra!!
Mááááás... peleas inimaginables al más puro estilo Schwarzenneger (¿se escribe así?) entre Mina Harker y Bàthory, con presunta muerte por electrocución en el túnel del metro y todo. O sea, un pequeñín tinte feministoide tipo ‘mujeres al poder’: la visión de lo políticamente correcto en términos vampíricos -pero era incluso más creible Buffy Cazavampiros que esa señora Harker Terminatrix-.
¿La conclusión de todo esto? Que este libro me ha provocado una indignación literaria de padre y muy señor mío. Alguien debería explicarle a este señor lo que es una continuación y las diferencias entre este concepto y el de querer sacar tajada del trabajo de un tatatatatataratatatarabuelo-tío-o-lo-que-sea.
No añadiré más.
El lado siniestro
Hace 2 semanas
